Y ahí estaba yo. Intentando buscar en sus pupilas, esperando de él más de lo que él pensaba que yo podía esperar. Todos llegamos a un punto en el que nos hicieron mucho daño y ya no queremos arriesgar, ahí es donde entro yo, siempre tan oportuna. Siempre tan fiel. Siempre tan inocente, tan insegura, tan sentimental.
Alcohol, un cigarro, una mirada... sigo buscando entre la multitud, pero no me sirvió buscar, llegaste sin más. ¿Ahora qué? Sólo llegan y no dicen adiós. Se divierten un rato, juegan, se lo pasan bien, pero "no te enamores de mí que lo único que quiero es libertad"; yo no sirvo para eso.
Estoy harta del "quien me quiere no le quiero, y quien yo quiero no me quiere." No te enamores, imbécil, ¿acaso es divertido esperar? Esta vez sí, mientras siga tal cual, creo que puedo esperar, no me importa. Seguiré buscando consuelo en el alcohol, en otras camas, en otros cuerpos; sintiéndome cada vez más vacía, mientras espero que algo se despierte en ti, mientras agonizo cada día pensando que puede ser el último que quieras saber de mí.

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